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viernes, 4 de noviembre de 2011

HELLEN (7)

IX
Yacía junto a mí el cadáver de el hombre que había tratado de mancillar mi cuerpo con su esencia, mi corazón seguía latiendo al ritmo intrépido de una lluvia torrencial, pero solo llovían mis ojos. Mi boca aún conservaba el sabor ferroso de su sangre, un sabor desagradable y amargo que me impedía olvidar lo ocurrido, quería deshacerme de ello, dejarlo a un lado y seguir adelante, pero simplemente no podía hacerlo. A pesar de que ese hombre había intentado violarme, no sentía despecho por él, había salvado mi vida y de algún modo debía agradecérselo. La sangre continuaba brotando de ese cuerpo inerte, pero yo me sentía demasiado débil para hacer algo al respeto. Mi cuerpo pesaba, pesaba demasiado, más de lo que nunca me había pesado, el cansancio se apilaba sobre mi substrato a substrato, hasta que el peso del agotamiento hizo que abandonara mi cuerpo para volver a recuerdos lejanos.
Las llamas se alzaban frente a mí como el espectro de todo aquello que había sido,  el candente espectáculo de luces que se ultimaba en el edificio que acababa de abandonar para siempre se reflejaba en las últimas lágrimas de mi niñez. Mi rostro abrasado por el calor de las llamas no se despegaba de la imagen de aquella villa ardiendo,  los chillidos de las llamas se reflejaban en el cielo y congelaban mi alma. Todo lo que había vivido, todo lo que había sentido, todo lo que había sido, se estaba carbonizando junto a la madera de lo que había sido mi hogar. El panorama solitario de aquella colina, amenazaban con hundirme en la desesperación, mientras pasaba los últimos momentos en esas tierras mirando hipnotizada el candor escarlata del fuego. El ruido ignifugo de las llamas se vio interrumpido momentáneamente por un extraño bramido parecido al ruido de un ave rapaz. El estrépito surcó los cielos, como anunciando la llegada de algo, pero lo único que lo precedió fue el continuo chisporroteo de las llamas. Poco después, me sorprendió el crujido de unas ramas a mi espalda y al girar la vista, pude vislumbrar ante mí a la atrocidad que me perseguiría en sueños durante varios años después.  Una criatura deforme y grotesca,  erguida sobre dos famélicas piernas que precedían a un demacrado tórax con la espalda encorvada hacia delante, sus larguiruchos brazos que rozaban el suelo, acababas en afiladas zarpas ennegrecidas. Su piel, lucía un pálido grisáceo descolorido que recordaba más a la piel de un pescado que a la de un hombre, los huesos se le marcaban sobre la piel, mientras las venas violáceas reseguían todo su cuerpo.  Su cabeza, era pequeña y redonda, con unas orejas enormes, solo comparables al tamaño de sus ojos, unos agujeros negros encavados en el cráneo sin nariz de aquella escuálida criatura. En su cabeza colgaban unos escasos cabellos de un color mohoso que alcanzaban la altura de sus rodillas. Me quedé mirándolo a los ojos y él se quedó mirando los míos, carecía de párpados, pupilas y cejas, solo tenía su profunda mirada, sin nunca pestañear, siempre con esos enormes ojos abiertos, eran unos ojos tristes.  Sus pálidos labios, escondían una hilera de dientes triangulares que esperaban ansiosos catar una presa, un pequeño riachuelo de sangre fresca brotaba de sus fauces, tenía hambre y podía intuir que era lo que esa criatura homínida devoraba en sus banquetes, pero por algún motivo que aún hoy no alcanzo a comprender, la bestia desapareció entre los arbustos en cuanto parpadeé.  Fue entonces cuando se secaron mis lágrimas y eché la última ojeada a lo que había sido mi vida hasta aquel momento.
Cuando pude darme cuenta de que había empezado a andar ya me encontraba lejos de mi antigua casa, la humareda de polvo y humo se alzaba en el cielo tiñendo el azul de negro. Mi padre se había hecho construir una villa en lo alto de un montículo, una casa hecha de madera, vulnerable al ataque de los enemigos, el resto de los señores de las tierras cercanas se encerraban en castillos de piedra, fortificados hasta los dientes, alzados sobre montañas inexpugnables, temerosos de una guerra que ya había acabado. Pero mi padre decidió escapar de su castillo y criar a su única hija en una casa de madera en lo alto de un montículo, creía que su hija era una princesa como la de las canciones de gesta, bella como la luna y dulce como la miel, quería que fuera su princesa bonita, quería que algún día acudiera un caballero para pedir mi mano, pero yo no era una mujer bella como la luna y dulce como la miel, no tenía los ojos azules ni los cabellos de oro, los caballeros no combatían por mi belleza y los trovadores no me escribían canciones. Lucía una larga cabellera negra como la noche y unos ojos del marón más oscuro, lucía un busto digno de una tabernera, no de una princesa y sobretodo, mi corazón pertenecía a un aldeano corriente, no a ningún príncipe o caballero sacado de una canción. Pero, pese a todas las evidencias que negaban el destino que quería que viviese, mi padre se empeñaba en llamarme princesa y en cantarme canciones de amor. No sabía dónde estaba mi padre, no sabía dónde estaba nadie, tras despertar después de la gran explosión, simplemente habían desaparecido, sin dejar mas rastro que las llamas que calcinaban la casa. Cuando por fin logré divisar el pueblo, noté como mis débiles piernas empezaban a flaquear,  caí al suelo de rodillas, la imagen que se mostraba ante mi me llenaba de nuevo de desesperación, el silencio espectral que cubría la aldea solo era cortado por el sonido de las llamas, que abrasaban los techos revestidos de paja de las casas de aquel poblado. Allí descubrí el fin de mis fuerzas y empecé a caer en el mundo de los sueños mientras una voz ronca gritaba mi nombre, mientras una silueta borrosa se acercaba corriendo.
***
Desperté con el amargo gusto a sangre reseca en mi boca, mi garganta me pedía agua y el reciente recuerdo del incendió que acabó con mi hogar años atrás no hacía más que incrementar esta falta. Un fuerte olor putrefacto cubría el aire a mí alrededor. Cuando giré mi cabeza pude admirar el cadáver lleno de moscas del hombre que había matado tiempo atrás, ¿durante cuando había estado durmiendo? El mercader había muerto con una expresión de ahogo en el rostro, tenía la espalda adolorida y me dolía cada vez que intentaba mover mis piernas, pero el cansancio se había atenuado y me encontraba con fuerzas para seguir mi camino. Alargué mi brazo hasta la daga que atravesaba el pecho de aquel individuo que yacía a mi lado, las moscas se apartaron zumbando por el aire cuando arranqué el puñal, para volver a colocarse sobre la piel del cadáver pocos segundos después.  Después de limpiar el puñal de la sangre reseca y guardármelo en mi fajín, me arrastré hasta la puerta y apoyándome en la pared donde conseguí incorporarme. Aparté el cáñamo que cubría la entrada para dejar que la luz del sol acariciara mi piel. Me constaba esfuerzos mantenerme erguida, pero tras apoyarme en la pared durante varios minutos y apoderarme de un bastón que reposaba en la pared, conseguí alejarme lentamente de la choza.
El intenso calor que el sol del desierto me ofrecía me cogió de improvisto, me costaba trabajos caminar incluso con la ayuda del bastón. Me sentía como si estuviese muy alta, como si mi cabeza estuviera más arriba de lo normal, eso mas el calor, producían en mi un mareo sofocante que drenaba rápidamente las pocas fuerzas que había conseguido recuperar. Finalmente conseguí acercarme al pozo del poblado y llevarme a la boca algo de agua que apaciguara mi sed. Una vez me hube hartado de agua, me tumbé junto a la pared del pozo a contemplar mí alrededor. Los cadáveres de la batalla aún permanecían inertes sobre la arena, como si nada hubiera pasado des de entonces, solo el hecho de que estaban medio cubiertos de arena indicaba que había pasado el tiempo. Las moscas y demás animales carroñeros hacían su trabajo, el lugar desprendía un hedor a muerte tan fuerte que casi resultaba vomitivo, pero era quizás el hecho de haber dormido junto a un cadáver, la razón por la cual ese hedor no me afectaba tanto.  Había muchos muertos, juzgando por los cadáveres en el suelo no sabría decir quién fue el vencedor, pero le resultaba bastante fácil adivinarlo considerando que yo permanecía con vida, al parecer, fuesen quienes fuesen, los ganadores habían decidido abandonar ese lugar y dejarlo a la suerte del olvido. Solo yo y mi salvador nos habíamos quedado y ahora solo quedaba yo.
El silencio del desierto me ofrecía una paz interior, que nada antes, había sabido darme. La placidad de sus susurros se adentraba en mí vaciándome de todo aquello que no quería recordar, dejando caer mi mente en un estado de letargo. El berrido de un camello llamó mi atención, no había planeado aún cómo salir de aquel pueblo abandonado infestado por el odio y la muerte. Me acerqué hacia el ruido y pude alegrar mi vista al ver a dos camellos aprovisionados. Pero aunque tuviera camellos, aunque tuviera comida, no sabía a dónde ir, Absalom había prometido llevarme a la ciudad Blanca de Basha, pero ahora él estaba muerto, yo lo había matado. No tenía ningún medio para adivinar la dirección que debía seguir,  nadie podía guiarme, tenía un pozo, tenía alimentos y transporte, pero estaba igual de pérdida que cuando el gran Guh me encontró cubierta por la arena del desierto. Sin saber qué hacer ni a donde ir, logré llegar a la conclusión de que si no había ningún vivo que pudiera darme la respuesta, quizás algún muerto podría hacerlo. Registré uno por uno los cadáveres que se hallaban repartidos por el poblado, estaba claro que después del combate los supervivientes habían saqueado a los muertos indefensos para llevarse todas sus pertenencias. Solo fui capaz de hallar un par de mapas escritos en árabe, pero dejando a un lado que no podía entender nada de lo que había escrito, me resultaba imposible situarme. En los mapas el desierto aparecía como una enorme extensión vacía con algún que otro topónimo en árabe repartido por el papel. Solo en la costa cerca del mar, había una inmensidad de nombres, nunca debí haberme adentrado en el desierto. Después de dar un par de vueltas por los alrededores para ver si podía hallar una pista que me orientara me senté junto a los camellos, el frio de la noche empezaba a penetrar en el desierto y el calor de sus pieles me reconfortaba. El sol empezaba a caer en el mar de arena tiñendo el cielo de un color anaranjado que empezaba a teñirse de oscuro y colgada en medio del cielo, había una estrella, una única estrella que brillaba con todas sus fuerzas, tan brillante y tan lejana, la única estrella que se divisaba en el firmamento. Entonces fue cuando recordé una de las historias del viejo Absalom, la historia de un niño que fue capaz de regresar a su hogar siguiendo la luz de una estrella, una luz brillante y firme colgada en el firmamento, la luz que me guiaba hacia mi destino mientras me adentraba de nuevo en el mar de arenas.

sábado, 5 de marzo de 2011

El fin de la Noche

El fin de la Noche
Era una noche suave y tranquila, el oscuro cielo mostraba ante mí una orquestra de luces titiritando sobre mi cabeza, estaban tan lejos, alzaba la mano pretendiendo alcanzarlas pero todo era en vano, ellas no se desprendían de ese techo de gala. Empezaba a hacer frio, sería mejor ir a buscar una manta, esa noche el rebaño estaba inusualmente excitado, las vacas parecían nerviosas, como si algo las asustara, pero ¿que podía haber en ese enorme desierto que asustara a una vaca? No lo sabía, pero no me importaba mucho, a la mañana siguiente todo estaría solucionado, o al menos eso creía. Cuando volví con el manto, dispuesto a acurrucarme junto al fuego, el cielo se iluminó de golpe, como si la noche se hubiera colado por el desguace. Entonces miré al cielo y lo vi, una gran piedra de fuego se alzaba sobre mi cabeza, en ese momento supe, que eso significaba la guerra.

sábado, 12 de febrero de 2011

Las dudas jamas resueltas

Las dudas jamás resueltas
Desperté en un frio suelo muy diferente a la ardiente sensación que aún retumbaba en mi mente. Me senté en un banco y me puse las manos en la cabeza. Tenía que aclarar mis ideas, estaba en una habitación toda blanca como la de los manicomios, con las paredes acojinadas. Mi mente estaba borrosa, solo temblores recorrían mi cuerpo al intentar recordar. Toda había sido muy rápido ¡Anee!, donde estaba su novia Anee; solo podía recordar su rostro llorando entre el humo, algo había sucedido, pero el que había estado en el lugar de los hechos no sabía nada. Entonces se abrió una puerta, había una mujer vestida de blanco con un chisme de esos eléctricos, yo resté inmóvil en el banco, temeroso a ese palo que soltaba chispas. La mujer llevaba un carro con comida con un diario encima.
- Aquí tiene su comida Sr. Smith, debe de estar hambriento después de estar inconsciente. Debe tener muchas preguntas, así que le dejo un diario aquí…… ah! y una cosa más, por favor, no tenga una conducta violenta o estaremos obligados a no poder darle su libertad. – Dijo la chica con una voz seductora.
- ¿Pero dónde está Anee?, y… ¿Cómo sabe mi nombre?- le repliqué.
- Ya le he dicho que el diario responderá todas sus preguntas. – Después de decir esto se retiró con pasos elegantes y me dejó solo con mis dudas y mis preguntas. No me atrevía a descubrir la verdad. Miraba de reojo ese carro sin acabar de verlo claro, algo me decía que no me fiara de él, así que estuve varias horas pensándomelo, hasta que mis tripas decidieron por mi. Me acerqué al carro y empecé a morder el pan. Leí el titular de la portada, decía: <<Una brecha se abre en Manhattan>> en la foto aparecía una imagen de Manhattan partido en dos con humo saliendo de la brecha. Todo se difuminaba en ese espeso humo, ¿cuál era el secreto que escondía ese humo? Giré la página y empecé a leer la noticia:


Una brecha se abre en Manhattan
Este lunes 13  Manhattan se ha partido en dos bajo una misteriosa capa de humo, miles de personas han desaparecido sin dejar rastro.
Este lunes 13 a las 11pm, la ciudad de Nueva York ha sufrido unos temblores, 5 minutos después de estos temblores, Manhattan ha empezado a dividirse en dos bajo circunstancias misteriosas. Mientras unos apuntan a que este hecho ha sido acto de alienígenas, los científicos de todo el mundo intentan descubrir porque no fueron detectados esos temblores. Algunos dicen que no puede haber sido más que un fallo técnico mientras otros buscan una solución al problema.
 La ciudad entera ha quedado sin suministro eléctrico y varios edificios han caído, el caos se respira en la gran ciudad. Manhattan, ha sido acordonada por los militares y por lo que se sabe aún nadie ha salido de la zona. Los militares guardan silencio en relación a la situación. Pero varias hipótesis apuntan a que el gobierno esconde algo y todos los testimonios de ese fenómeno han sido sitiados en el territorio. Aunque muchos afirman haber visto caer algo des del cielo, la gran mayoría desmiente este hecho. El presidente se mantiene firme diciendo que se está investigando la zona, pero que es peligroso acercarse, debido a que es muy posible que la zona esté muy contaminada. Al preguntarle por los supervivientes él ha contestado con un prolongado silencio seguido de unas breves palabras sobre el restablecimiento de la luz en la ciudad. El presidente ha anunciado que se deben respetar los perímetros  de seguridad, aunque miles de curiosos han transitado por la zona para ver si podían descubrir algo, con infructuosos resultados. Aún no se sabe cuánto puede ser el coste de los edificios destruidos en Manhattan, pero se calcula que las cifras pueden llegar a los centenares de millones. La información es muy escasa; hemos podido establecer contactor con un testimonio que lo presenció todo des de uno de los puentes. Aquí su entrevista:
¿Qué estaba haciendo usted en el momento de los temblores?
Yo estaba en mi taxi, yendo hacia un hotel, cuando empezaron los temblores, todo el mundo intentaba salir del puente, pero a ií se me caló el coche, así que me quedé allí en medio sin hacer nada. Pero por suerte no cayó el puente.
Que es lo que vio, había algo en el cielo?
Bueno yo vi como un avión o algo, no creo en los aliens, así que yo defiendo  que era un avión que se le cayó una bomba, ya que después se hoyó un gran estallido y empezó a llenarse la zona de humo.
¿Cómo salió del puente?
Bueno, yo estaba alucinado, así que no se cuanto tiempo pasó, pero poco después aparecieron los militares y empezaron a acordonar la zona. Cuando me vieron me dijeron que me fuese, y como no podía, me acompañaron.
¿Recibió un buen trato de los militares?
Bueno, en realidad estaban muy serios y de bastante mala hostia, pero me acompañaron y todo, no me forzaron ni nada.
¿Qué fue lo primero que hizo cuando llegó a casa?
Pues colgar un video que había hecho con el móvil en mi facebook
Muy bien gracias por sus palabras

La verdad es que esta noticia no aclaraba mis dudas, si no que me planteaba mas dudas aún. Después de comer y dormir noté que hacía mucho calor así que me quité la camiseta para descubrir unas quemaduras que formaban un extraño signo como si me hubieran tatuado el cuerpo a base de quemaduras. Ese y todos los demás misterios quedaron en el pasado mientras me invadía la locura en un lugar desconocido del que no podía escapar, así que todos los misterios que rondaban por mi cabeza, desaparecieron con la muerte.

viernes, 4 de febrero de 2011

La historia de mi vida y todo lo que supuso dicha existencia

Esta es la historia de Kingmann un hombre cuya vida, no, mejor dicho cuya muerte cambió la faz de la tierra. Sus padres le pusieron este nombre por el papel que debía desempeñar en su vida. En estos tiempos dos magnos imperios dominaban el gran continente y tras siglos de guerra sin mayor resultado que la estancación total de todo progreso, ya fuera tecnológico, agrario, geográfico, político, militar o cualquier otro. En aquellos tiempos  los hombres y mujeres eran enviados a la guerra con apenas 10 años de edad, hacía siglos que el hambre azotaba todas las regiones y los impuestos  solo hacían que incrementar con la excusa de que con más dinero mas material para ganar la guerra. Los pueblos no eran más que desiertos, ya que en gran mayoría los hombres estaban en el campo de  batalla.  Otra gran parte de la población  eran  los denominados “menores” los cuales eran entrenados para el combate en los campos de reproducción artificial. El resto eran los”mayores”, todo aquel individuo que se viera discapacitado para la batalla era un mayor, estos eran los que pagaban impuestos i producían alimento para los soldados. En ese mundo sin salvación donde los motivos de una guerra sin fines ni fronteras habían sido ya sepultados bajo litros de sangre y arena donde el concepto guerra había sido olvidado ya que nadie había conocido un concepto paz. En ese mundo de pena y dolor yo iba a nacer.
My madre era conocida como Medusa la destroza mentes era una de las mayores psicomagas de toda la historia, capaz de volver loco a un hombre con el simple roze de su letal mirada.  Mi padre, Morgath el Rojo era el más temido de los Magos de combate  de todo el continente, su poder en el arte del fuego solo era equiparable al poder de hielo de Shec el Azul. Estos dos personajes eran los descendientes de sangre de los hombres que según la leyenda iniciaron la guerra por motivos que ya nunca podrán ser revelados, ellos eran los monarcas que comandaban los dos bandos de esa guerra sin fin. Terribles enemigos que se odiaban y se respetaban. Según las creencias de los sabios yo hijo del más grande maestro del fuego y de la más grande maestra del control mental alcanzaría el poder más grande de todos los poderes. Por ese motivo eligieron  Kingman como my nombre, que en el antiguo idioma gravado en lar piedras de la biblioteca de Shadowbok y estudiado por el maestro de los siete cominos significaba  hombre rey o hombre que reina y yo tenía, según mis padres, el destino de ser el hombre que reinara en el mundo. Os preguntareis como la muerte de alguien como yo  podía cambiar la faz de un mundo sin sueños ni esperanza. Pues muy bien os lo contaré.
Para el día de mi nacimiento vinieron magos  y médicos de todo el reino para potenciar my fuerza y poder. Miles de criaturas mágicas rodearon el castillo para ver nacer al gran Kingman, pero cuando mi cabeza se asomó a este mundo miles de hechizos de poder se lanzaron hacia mí, mi cuerpo puro del mal que dominaba el mundo los aceptó todos sin excepción, era un gran poder, toda esta energía fluyendo por mi diminuto cuerpo fue una gran experiencia, pero al mismo tiempo la mas traumática de todas mis experiencias estaba agitando mi cuerpo. Algo faltaba en mi pecho, algo no pasaba por mi garganta.  El cordón umbilical estaba abrazando mi dulce cuello hacia el lecho de muerte, el aire no llegaba a mí, mi cuerpo era un canalizador de energía, ¿pero qué haría mi cuerpo con semejante energía después de su hipotético fin? ¿Quizá estallar? ¡No! MI cuerpo aun unido al de mi madre a través de la guadaña que oprimía mi cuello legó todos mis poderes a mi madre en el momento que mi frágil cuerpo se convirtió en una masa inerte. Cuando todos los poderes pasaron a mi madre se dice que ella gritó de forma tal que las nubes teñidas de un negro carmesí se extirparon en el cielo y dejaron ver por primera vez en mucho tiempo el cielo azul. Los ojos incandescentes de mi madre potenciaron su poder de un modo tal que todos los miembros de la sala cayeron desplomados ante su mirada, solo Morgath aguantó, la mujer incapaz de soportar el dolor que suponía tal poder en un cuerpo como el suyo buscó el apoyo de su marido  y le agarró del hombro para llevarle junto a ella a un mundo sin sufrimiento ni dolor.
Ese dia la monarquía Roja fue extinguida y aunque su ejercito continuaba siendo poderoso  se desmembró en miles de bandas que dieron una victoria rápida a los Azules esa etapa fue nombrada como “la unificación”. Después de eso el mundo aprendió una lección. La paz y la estabilidad volvieron a aflorar y un amor encerrado en el hondo del alma humana fue liberado. Después de eso el Azul se extendió por las  puequeñas islas que havia fuera del continente i durante miles de años reinó la paz en un mundo que solo era el mundo, sin bandos ni equipos si no una sola unidad, el progreso volvió a surgir i cuanto mas progresava el mundo más se olvidaba el nombre de Azul. Así fue como my muerte cambió el mundo, algunos os preguntareis cómo puede un muerto contar una historia. Pues es muy sencillo puesto que  aunque morí mi vida no se terminó.
 Pasados miles de años cuando el concepto paz se había olvidado ya que no se conocía la guerra un gran accidente geográfico cambió el mundo. Esa etapa fue nombrada como “El desmembramiento”. En ese terrible episodio de la historia el gran continente se rompió en siete pedazos, esto devolvió el caos al mundo y borró rastro de cualquier civilización, lo único que quedó fueron unos hombres con el dolor clavado en sus cuerpos. Ese dolor cambió a la humanidad, cada uno de los siete continente siguió una de las enseñanzas del sabio de los siete caminos buscando una paz que habían perdido, pero cuando el contacto volvió a surgir entre los continentes sus diferencias marcadas por las enseñanzas del maestro de los siete caminos provocó unas crueles guerras que se prolongaron miles de años, a esa etapa se la nombró como “la Celeste”. Las diferentes religiones entre continentes no dejaban tiempo para acordar una paz. Así que un oscuro mal se apoderó de ese mundo. Ese mal reinó durante milenios hasta que en uno de los continentes llamado “Atlanta” unos arqueólogos descubrieron en un yacimiento una gran fuente de magia. Tras barias generaciones de investigación los arqueólogos descubrieron my historia y con el fin de llevar su dios y religión a lo más alto iniciaron un ritual de resurrección que requería el sacrificio de cien vidas para el retorno de una.
 Segundos después de ahogarme abrí los ojos  en ese nuevo mundo todo el poder transferido a mi madre había vuelto a mí el conocimiento y dolor de la humanidad recorrió mi cuerpo en una fracción de segundo y tras permanecer jadeando unos instantes me alcé volando a los cielos, ellos habían logrado resucitarme, pero no controlarme.  Yo que solo era un recién nacido poseía el poder más grande jamás alcanzado y el conocimiento de los dos conceptos: la paz i la guerra. Yo había  sentido todos los dolores del mundo y todas las alegrías del mundo. Así que después de alzarme a lo más alto bajé en picado para iniciar lo que fue llamado “la perforación”.  Abrí una brecha tan profunda que atravesé el mundo, después de eso una gran explosión separó el mundo en dos partes. A una de ellas se la llama hoy en día “Luna” y a la otra “Tierra”. Esa perforación supuso un cambio tal que acabó con toda la vida en el tercer planeta del sistema solar. Aunque yo creo que fue para bien.  Una vez finalizada la perforación toda la energía de mi cuerpo se desvaneció y dio lugar a mi segunda y ultima muerte. Después de eso la vida volvió a la tierra criaturas gigantes poblaron el mundo antes de su siguiente destrucción, pero eso ya es otra historia
Escrito por: KIngman el destructor de mundos