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domingo, 12 de febrero de 2012

Pretty blood

Pretty blood

Era viernes, el último día de la semana, el último día de mi existencia. Estaba parado junto a la boca del metro, había quedado con la chica que me gustaba, le había llamado cinco o seis veces y me encontraba escribiendo el décimo mensaje de texto, pero no había recibido respuesta alguna de ninguno de ellos. El frío invernal de finales de enero impregnaba la ciudad con una neblina gélida que ahuyentaba a cualquier osado que se atreviera a pisar la calle. Pese a eso, hacia una hora y media que esperaba junto al poste de la entrada del metro, sabía que ella no iba a aparecer, seguramente le había surgido un imprevisto y no tenía el móvil a mano, quizás me había confundido de lugar y pensando que le había dejado sola no se dignaba a responder a mis llamadas, o quizás… quizás simplemente se había olvidado de mi.
Los pensamientos negativos afloraban en mi cabeza con facilidad, mostrándome ideas que me escalofriaba imaginar. Mientras más me hundía en mi consciencia, más oscuros eran los pensamientos que a mi acudían. Empecé a notar como mis ojos se humedecían, en cuanto me dispuse a secármelos con los guantes me di cuenta de que había perdido la sensibilidad en las manos, era una sensación extraña, aunque no resultaba del todo desagradable. Empecé a frotarme las manos mientras me preguntaba porque seguía allí como un estúpido mirando la hora cada tres segundos y girándome ilusionado cada vez que oíaalgún murmullo lejano, con la esperanza etérea de ver aparecer a la chica que estaba esperando. Pero no aparecía, pese a eso, estaba dispuesto a seguir esperando, solo si existía una mínima posibilidad de que ella se presentara, yo estaba dispuesto a esperar.
De repente mi teléfono empezó a vibrar, era un mensaje de texto, la ilusión empezó a desbordar mi corazón, la esperanza de que ella estuviera a la vuelta de la esquina se presentó de repente en la puerta de mi mente casi como una realidad. Al intentar coger el teléfono, torpemente lo catapulte de mi bolsillo contra el suelo, este se deslizó estrepitosamente por la acera resbaladiza. Precipitadamente me lancé contra el suelo para descubrir que solo era un mensaje de publicidad, la noticia me sentó nefastamente, resquebrajando la poca esperanza que me quedaba. Pero instintivamente empecé a escribir otro mensaje para ella, mis guantes eran demasiado gruesos para escribirlo, así que me los quité rápidamente y empecé a escribir otro inútil mensaje con mis dedos temblorosos. De repente oí sutilmente unos pasos detrás de mí, con un vuelco en el corazón me giré rápidamente con la triste ilusión de verla salir de la boca del metro,  pero lo único que pude ver al girarme fue una chaqueta negra y algo afilado cortando la superficie de mi dedo índice. Un segundo después había chocado con algo y caído al suelo, mi dedo lucía un pequeño corte del que emanaba un diminuto riachuelo de sangre. Miré hacia arriba,ante mí se mostraba erguida una oscura figura enguantada en una larga chaqueta de cuero.
- Lo siento, creo que te has cortado con el botón de mi chaqueta, permíteme ayudarte.
Era una mujer joven, de veinte-pocos, su larga cabellera negra caía a sus espaldas ondulándose ligeramente. Su rostro era hermoso, de figuras arqueadas y piel pálida, sus cejas afiladas custodiaban unos enormes ojos castaños que me observaban con determinación. Su mirada hipnótica me cautivaba paralizando mi cuerpo, arrastrando mi esencia hacia esa mujer misteriosa que permanecía antemi alzada en mitad de la calle. Sus carnosos labios carmesí parecían cautivarme con una fuerza desenfrenada, que llenaba mi cabeza de imágenes lívidas, de deseos carnales.
-No se preocupe, no es na…
Su mirada arrancó de mi mente las palabras, dejando a mis labios entre abiertos ante esa mujer, el frio aire invernal se adentraba en mi interior a través de la comisura de mis labios embobados y mi boca entreabierta no podía más que temblar ante lo imponente que ante mí se alzaba. Mis sentidos solo podían prestar atención a esa diosa, mis ojos solo podían verla, mis oídos solo podían captar el leve sonido de su lenta respiración, un embriagador perfume endulzaba el aire a mí alrededor, un exquisito olor a deseo se extendía impregnando todo a mí alrededor, cautivando todo mi ser. Cada pálpito acelerado que daba mi corazón era un momento más para estar junto a ella. Fue entonces cuando la mujer se arrodilló junto a mí y tomó mi mano con suavidad, sin dejar de mirarme fijamente, escudriñando cada rincón de mí ser, apoderándose de toda mi existencia, adueñándose de todo lo que era mi mundo. Y sin dejar de mirarme con sus seductores ojos pardos se llevó mi dedo índice, medio ensangrentado, a sus dulces labios. Mi dedo, acolchado entre esa carnosa y fina masa carmesí, no podía si no regocijarse de placer al ser abrumado por esas carnosas fauces escarlata. Podía sentir como el simple contacto con sus labios succionaba mis fuerzas, podía sentir como esa mujer arrodillada junto a mí, se apoderaba de mí ser. Entonces cuando creí haber llegado al limbo, una húmeda masa voluptuosa rozó la punta de mi dedo índice, justo por donde lentamente emanaba un camino de sangre. Y esa lengua fuerte y flexible empezó a acariciar lentamente todo mi dedo,atrapando mis sentidos en un pozo de deseo sin fondo y mi dedo se dejó rodear por esa suave y húmeda lengua que todo lo envolvía. Podía notar cada micra de mi dedo siendo abrumada por esa erógena y untuosa lengua que envolvía mi dedo en un océano libido de deseos lascivos.Su mirada fija penetraba más en mi y cuanto más tiempo pasaba mi dedo en su interior, envuelto en esa dulce i placentera prisión de deseo, más su mirada controlaba mi ser y mas caía yo en la tentación que ella me ofrecía. Era suyo, absolutamente, y nada en el mundo me satisfacía más que serlo.
 Finalmente y sin apartar su mirada de mi,  soltó el dedo que mantenía prisionero dándole un último beso en la punta, cuando nuestros cuerpos se separaron un destello de gozo ascendió portodo mi cuerpo. Lo primero que sentí fue una abrumadora sensación de placer recorriendo todo mi ser, seguido de un deseo inagotable de probar algo más de ella, de catar aunque fuera una sola vez, esos carnosos labios de nuevo. El deseo pronto se convirtió en ansiedad, desasosiego por no alcanzar aquello deseado, angustia por cada segundo que sus labios no palpaban mi lengua, desazón por cada instante que su lengua no electrizaba mi piel con su untuoso tacto afrodisiaco. Su cercanía no había hecho más que multiplicar esa fragancia caprichosa que incrementaba mi deseo, aumentaba mi apetito y acababa con mi humanidad para convertirme en una bestia a merced de sus labios. Pero pese al deseo que se apoderaba de mi, su mirada cautivadora me mantenía inmóvil, paralizado ante el aroma caudaloso de la lujuria y el deseo.
Entonces ella se incorporó y apartó la mirada hacia otra dirección. Sentí como si algo se resquebrajara en mi mente, como si una niebla que distorsionara mis sentidos hubiera desaparecido, como si algo me hubiera estado impidiendo verlo que me rodeaba. Me sorprendió percatarme de que aún me encontraba en medio de la calle envuelto por el ese frio que superaba sin dificultades cualquier prenda que osases llevar. Me había dado la sensación de ser trasladado a otro lugar, a un mundo cálido de aromas deleitosos, un mundo sin gravedad, donde levitabas entre océanos de deseo y placer, océanos de capricho y deleito rodeados por una bruma afrodisiacaque llenaba tu consciencia de vicio y desenfreno llevándote a un limbo de lujuria y pasión. Me miré el dedo índice, donde un pequeño rasguño había dejado emanar un pequeño riachuelo de sangre, cálida y escarlata, entorné los ojos intentando recordar esos momentos, el placer sacudió por un instante a mi mente, tenue, débil, pero más intenso que cualquier otro que hubiese sentido jamás.  Miré a la mujer, estaba parada frente a mí, girada de espaldas, en una posición encorvada, desprendía un aura de tristeza, sus ojos fríos evocaban una melancolía a tiempos pasados. Entonces en el suelo junto a mí, empezó a sonar el tono de mi teléfono móvil que vibraba en el suelo a pocos pasos de mí. Me arrastré hacia él y lo recogí. Había un mensaje a medio escribir: “Por favor,  dime algo en cuanto puedas, estoy esperando”. Era un mensaje inútil, como tantos anteriores, lo borré, no quería volver a suplicar por alguien que no quería estar a mi lado. Entonces lo vi, quince llamadas perdidas y seis mensajes recibidos, miré la hora, habían pasado cuatro horas des de la última vez que había mirado el móvil. Mi madre me había llamado diez veces, el resto de llamadas y los mensajes eran de ella, la chica por la que había esperado. Me sorprendió percatarme que ya no me producía felicidad alguna ver sus mensajes, creer que se preocupaba por mí. Ahora esas sensaciones que antes me hubiesen llenado de alegría y gozocausaban en mí una total indiferencia, como si esos sentimientos que tan fuertemente oprimían mi pecho hacia solo unas horas, pertenecieran a otra vida en un mundo lejano. Al cerrar el móvil vi reflejado mi rostro en su pantalla, marchito i demacrado, enflaquecido por las hendiduras que surcaban mi piel y calavereaba mi rostro.Me sentía ligero, estaba frio y todo mi cuerpo había quedado seco y sarmentoso. Sabía que eso me lo habíahecho esa mujer y sabía que eso era el motivo por el que la melancolía se reflejaba en sus ojos.  Me dirigí hacia ella, no me importaba morir, solo quería catar el placer de sus labios una vez más.
-Perdone, señora…
En cuanto empecé a recitar la frase me percaté de que no sabía que quería decir. Pero ella se giró i volvió a mirarme fijamente, podía oler la fragancia seductora que embriagaba el aire a su alrededor, podía notar el poder seductor de su electrizante mirada, pero notaba también como era dueño de mi mismo, su mirada ya no escudriñaba en el interior de mi alma, su voluntad ya no controlaba mi débil esencia, ahora era libre de elegir mi camino, ella ya no miraba en mi interior, ahora me miraba a mí.
-Antes escribías un mensaje, ¿Para quién era?
Sus palabras eran firmes y secas, pero melódicas a su tiempo, el compás de las palabras seguía un ritmo armónico que se fusionada con el aire yencandilaba mis oídos cual bella melodía, llenándolos de gozo y placer. El elegante sonido de su vozse esparcía por el aire acompañando la dulce fragancia que la rodeaba. Pero sus palabrassonaban tristes, como si no quisiera preguntar algo cuya respuesta ya había encontrado en mi interior, como si temiera escoger el camino que ya había elegido emprender.
-Había sido la persona a quien amaba, pero, ella jamás me correspondió y jamás lo hará y aunque lo hiciera yo ya no puedo amarla. Ya no hay nada que me ate a este mundo.
Mis palabras rebutieron dentro de mi mente una y otra vez, eran palabras de alivio, me sentía libre de todas las ataduras de mi antigua vida, el tapón que la soportaba se había soltado y ahora mi mente estaba vacía de pensamientos innecesarios. Esas últimas palabras habían extirpado lo último que quedaba de mi antiguo ser, el tapónhabía sido removido y ahora mi cabeza estaba lista para ser llenada de nuevo.
-Así que tu vida ya no tiene ni significado ni valor… ¿verdad?
Asentí con la cabeza sin dudarlo un instante, rechazaba todo aquello que se me había dado hasta entonces, solo quería volver a sentir el placer de sus labios otra vez.  La comisura de sus labios se ensanchó mostrando una sonrisa traviesa, una luz parpadeante apareció en sus ojos juguetones, la fragancia que me rodeaba de pronto se hizo más intensa, el deseo si hizo más grande y la imagen del mundo empezó a distorsionarse, dejándola como el único ser ante mí. Su presencia se hizo absoluta, ella era de repente todo lo que había en mi mundo, y lo llenaba por completo sin dejar ni un rincón de duda o vacío en mi mente, solo estaba ella, una diosa de la belleza a la que alabar por la eternidad, alzada ante mí con una imponente elegancia que hacia zozobrar los pilares de la realidad. Entonces empezó a acercarse a mí, lentamente, con pasos gráciles y elegantes que invadían el espacio con el sonido harmónico de sus pisadas. Se acercó, paso a paso, cada vez más hasta que sus ojos separaron a pocos centímetros de los míos. Una profunda presión sacudió mi pecho, su mirada arrebatadora se apoderaba de mi existencia, que voluntariamente se ofrecía a ella. Mi respiración agitada interrumpía el silencio junto a los latidos de mi corazón, que marcaban el compás del nerviosismo reflejado en mis ojos. Su respiración era tenue y calmada, tan fina y suave que apenas podía notarse el aire salir entre sus labios, pero su boca estaba tan cerca de mí que podía notar en mi piel el soplido de su tenue respiración. De ella emanaba un aire frio, más frio aún que el aire que nos rodeaba. Lentamente y sin dejar de mirarme, alzó su mano hacia mi rostro y empezó a acariciarlo lentamente, la suavidad de sus fríos dedos al rozar mis mejillas me producía un placer electrizante que recorría todo mi cuerpo erizando por completo la superficie de mi piel.  Entonces lentamente, empezó a acercar sus labios a los míos, mas aún de lo que ya lo estaban, cada vez más, hasta que ambos labios empezaron a rozarse con deseo, pero su boca continuo acercándose a la mía, nuestros labios empezaron a acolcharse, el fino tacto de su lengua empezó a acariciar la cálida superficie de le mía, envolviéndola con calma en un océano de placeres, en un firmamento inagotable de deseo y pasión que se consumían llevándome a un lugar que haría palidecer cualquier elíseo, limbo, nirvana o edén jamás concebido, que haría zozobrar el concepto de perfección para ridiculizarlo ante el placer que en ese momento sentía. Fue un beso largo, aunque hubiera preferido que fuera eterno, cuando sus labios se separaron de los míos,  una terrible sensación de desasosiego inundó mi mente, causando un hormigueo de deseo en mis labios, mi lengua conservaba el sabor dulce y deleitoso de su tacto suave.La imagen del beso me encandilaba llevándome a un torrente de sensaciones placenteras. No cavia en mí de gozo, pero aunasí, quería más, quería volver a catar sus labios. Entonces ella volvió a acercar lentamente su rostro al mío, pero esta vez sus labios pasaron de largo, dirigiéndose a mis oídos, la ternura de sus labios carnosos palpó la superficie de mi oreja.Acto seguido, un lametón recorrió mi pabellón causando un grato temblor a lo largo de mi cuerpo. Finalmente, acabó mordiéndome la oreja, presionándola suavemente, acariciando con delicadeza la piel cartilaginosa de mi oído. Después de que sus dientes se separasen de mi piel, susurró unas palabras a mi oído, con una voz lenta y pausada que evocaba a mi mente el más profundo de los placeres y me guiaba a la más absoluta sumisión.
-Ahora eres mi juguete…
El suave murmullo de sus palabras, junto al significado que estas llevaban, llenó mi pecho de felicidad y orgullo, nada había llenado tanto mi corazón como lo habían hecho aquellas palabras. Entonces empecé a oír un murmullo lejano, unos gritos apagados que parecían pertenecer a otro mundo. Simultáneamente una mancha oscura apareció en mi rango de visión, un pequeño punto borroso que llamaba mi atención en ese vano paisaje. Pero mis ojos solo podían verla a ella, cosa que me impedía ver nada más. En ese momento ella se giró, una sonrisa picaresca apareció en su rostro y se lamió los labios sensualmente. Su mirada estaba fija, clavada en el punto borroso que se extendía en mi mundo. Entonces ella volvió a acercar sus labios a mi oído i susurro unas dulces palabras.
-¿Tu también lo ves verdad? Es ella la chica que estabas esperando, al final ha aparecido, pero… es un poco tarde, ¿cierto?
En cuanto ella susurró esas palabras a mi oído, esa mancha negra empezó a dibujarse, a hacerse más clara, hasta convertirse en una silueta familiar, una silueta que me saludaba enérgicamente.Esa silueta cada vez más clara,  era de una chica, de mi edad, me resultaba muy familiar, pero apenas podía recordar de quien se trataba, solo sabía que había sido importante en un pasado tan lejano que apenas podía percibir la existencia de este. Entonces la mujer que me había cautivado y apoderado de mí, me miró fijamente y acariciándome el rostro recitó unas melódicas palabras.
-Vamos, recuerda, hazlo por mí,  por favor.
Entonces un torrente de recuerdos empezó a inundar mi cabeza, parecía como si fuera a estallar. Recuerdos de tardes sonriendo, tardes escuchando llantos, de playas y montañas, recuerdos de un amor ciego que ahora no era capaz de comprender, recuerdos de esa chica que me saludaba enérgicamente des de la boca del metro. Esa chica que gritaba mi nombre, como esperando que yo respondiera a su llamada. Pero nada podía cautivar mi atención, había sido seducido por una diosa de la belleza y ya nada podía cobrar importancia mientras ella existiese. Pero aúnasí, un pequeño deseo de escuchar las palabras de esa chica enguantada en un largo abrigo pardo empezó a brotar en mi corazón. Podíaoír sus gritos, pero mi atención solo podía concentrarse en la mujer que estaba a mi lado y eso me impedía entender lo que aquella chica me decía.
-Vamos, por favor, escúchala.
Entonces las palabras lejanas de esa chica que cada vez estaba más cerca de mi empezaron a hacerse más claras y entendedoras a medida que ella se iba acercando, hasta que se parójadeando junto a mí. Era una chica sonriente, que andaba torpemente con un cierto aire grácil, su sonrisa de oreja a oreja se abría ante mí intentando contagiarme su mediocre felicidad, aparentando así que era una inocente muchacha feliz, pero sus ojos reflejaban la duda y el arrepentimiento. Su espesa cabellera anaranjada caíaarremolinada por encima de sus hombros y sus mejillas enrojecidasdestacaban sobre su pálida piel, llevaba enfundado en la cabeza un gorro de lana que le cubría hasta las orejas y unos guantes negros guardaban sus temblorosas manos. Me miraba fijamente, con una mirada que intentaba convencerme de que era una despistada y que estaba arrepentida, pero nada podía importarme más poco que los sentimientos de esa vulgar muchacha cuya belleza era ridiculizada ante la mujer que me acompañaba, en comparación, parecía más bien una flor marchita. Pero aúnasí, pese a seruna existencia hedionda, pese a que el reclamo de su presencia me impedía disfrutar de mi amada, pese a la abismal diferencia que se expandía entre ella y la mujer que yo veneraba, pese a que la encontraba una imagen fea i horrenda, ella era la imagen menos fea y horrenda que cubría ese mundo terrenal.
-Yo, lo siento mucho, yo no debíhaberte dejado aquí, pero se me olvido, lo siento, no pensé que aún estuvieses esperando, pero me llamó tu madre diciéndome que no aparecías, incluso ha llamado a la policía, es una exagerada, no hay para tanto, pero, no deberíashaberme esperado, te morirás de frio si sigues aquí.
Hablaba precipitadamente, dudando, preguntándose si las palabras que decía eran las correctas, fingiendo una alegre sonrisa que pretendía hacerme olvidar la espera que había sufrido. Su voz intentaba esconder unos actos por los que se sentía culpable y por los que no quería pagar. El silencio inundó el lugar durante varios segundos antes de que ella empezara a chismorrear de nuevo.
-De verdad que lo siento, es mi culpa, prometo que te lo compensare, ¿sí? ¿Quién es esta mujer? ¿La conoces de algo?... Oye, te ves muy pálido, pareces como chupado¿has comido algo?
El silencio volvió a reinar en la calle solo interrumpido por los ladridos lejanos de un perro. Su sonrisa empezó a desvanecerse pese a sus intentos por mantenerla en su rostro, sus piernas empezaron a temblar nerviosamente y sus manos empezaron a refregarse con inquietud, buscando un calor que le diera fuerzas para confesar una verdad incómoda. Entonces empezó a morderse la uña con los ojos llorosos, podía recordar que solía hacerlo cuando algo la preocupaba.
-¡Ya te he dicho que lo siento joder! No te quedes callado por favor, ¿Por qué no me dices nada? Venga vámonos, entiendo que estés enfadado, pero tu madre te espera, está preocupada, puedes odiarme si quieres pero volvamos por favor, te juro que lo siento.
Sus ojos se llenaron de culpa al ver que no reaccionaba, entonces intentó empezar a hablar varias veces, pero sus palabras se perdían entre dudas al pronunciar la primera letra, hasta que por fin empezó a hablar.
-¡Esta bien! Yo conocí a un chico hace poco…  y… se que yo te gusto a ti, pero, no se no quería sentirme culpable y me daba miedo decirte que no, así que… solo deje pasar el tiempo, lo siento deberíahaberte llamado o algo,  quería contestar a tus mensajes pero, solo no sabía que decir, de veras que lo siento yo no quería hacerte daño, es solo que… soy estúpida, por favor no me hagas esto, dime algo, perdóname, te lo ruego. No quería que pasase esto…
Al ver que yo permanecía inalterable ante sus palabras empezó a llorar frente a mí, ella solía llorar a menudo, siempre fingíaun par de lágrimas para que le prestasen la atención que necesitaba, aunque podía notar que, al menos en parte, esas lágrimas eran verdaderas. Pero eso no podía importarme menos en aquel momento, yo solo deseaba catar esos labios rojos otra vez. Después de llorar durante un rato me agarró con fuerza intentándome arrastrar, fue entonces cuando me di cuenta que no tenía fuerzas para resistirme.
-¡Suéltame!
Había gritado, no quería alejarme de mi amada, pero podía notar que en el fondo de mi alma una parte de ese grito no correspondía con el amor que sentía por mi ama. Una parte de ese grito estaba atado a mi vida pasada cuya existencia me costaba esfuerzos visualizar. La chica que intentaba arrastrarme con ella se quedó sorprendida ante mi grito. Pero rápidamente reacciono.
-¡Grítame si quieres! ¡Ódiame si quieres! Pero vámonos a casa de una vez ¡Joder!
Entonces la melódica voz de la que me había enamorado cruzó el aire difundiendo una ola de placer a través de todo mi cuerpo.
-El no volverá contigo, ahora es mío y digas lo que digas y hagas lo que hagas no me lo podrásarrebatar, ahora bonita, será mejor que te marches si aún queda algo en tu vida a lo que agarrarte.
Los ojos encantadores de mi diosa miraban con severa agresividad a la muchacha que estaba parada en frente nosotros, mientras una sonrisa juguetona se formaba a lo largo de su rostro, dejando entrever dos largos colmillos afilados que cautivaban mi mirada como nada lo habíahecho hasta entonces, pero en los ojos de la chica no habíaactivación, amor o veneración, había miedo, puro terror, la chica se cayó al suelo, intentando gritar, pero los gritos se ahogaban en su garganta, su mirada aterrada buscó una ayuda en mí, pero al observar mi mirada impasible sus ojos arrancaron en llanto de nuevo mientras salía huyendo despavorida, entrando de nuevo por la boca del metro que des de aqueldía aparecería en sus pesadillas. Cuando la chica hubo desaparecido bajo tierra mi amada volvió a mirarme fijamente y me dio un ligerolametón en la mejilla.
-Me gusta que aún conserves algo de humanidad.
Entonces ella se giró y empezó a andar en dirección contraria a la boca de metro, su cabellera acariciaba el aire a cada paso doblándose con un movimiento grácil, al compás de sus talones golpeando el suelo. Su larga y pesada chaqueta de cueroapenas se movía, pero incluso ese material duro y seco, se inclinaba ligeramente ante los pasos de esa diosa de la belleza, cualquier persona que la hubiera visto podría regocijarse en su tumba, y mantener el orgullo de haberestado en presencia de una diosa, cualquiera podría haber alzado su cabeza por el simple hecho de admirarla y enorgullecerse por la eternidad. Pero yo estaba destinado a algo más grande que morir con el anhelode sus besos en mis labios, yo había sido elegido para acompañarla en su camino, para ser objeto de sus caprichos, para ser su juguete y servirla por el resto de mi vida.

miércoles, 20 de julio de 2011

Beauty Blood

Beauty Blood
Era viernes, el último día de la semana, mi última oportunidad. Había estado intentando acercarme a ella todos los días, quieto frente a la puerta de mi clase esperando a que apareciera, pero cada vez que la veía pasar frente a mí, su fragancia nublaba mi mente y simplemente permanecía inmóvil con la cabeza acotada, mirando fijamente al suelo y antes de que pudiera darme cuenta ella ya había desaparecido entre la multitud, pero en lugar de ir tras ella, me decía a mi mismo que lo haría el día siguiente, pero ya era viernes, el último viernes antes de las vacaciones de verano. Todos parecían estar ansiosos porque acabase el curso de una vez por todas, pero yo rezaba para que ese no fuera el último día, pensando que dejar pasar unos días más, me daría el valor suficiente para acercarme a ella, aunque en el fondo, sabía que eso era un vaga ilusión.
Pero no había más días, ese era el último día del curso que la vería, quizás el último día de mi vida, no podía dejar las cosas a medias, porque estaba seguro que si dejaba pasar esta oportunidad me arrepentiría durante toda mi vida. Ella era una chica extraña de la que más de medio colegio se había enamorado, no había chico en la escuela que no hubiera caído a sus pies, y en cuanto a chicas,  pocas habían podido salvarse de su hechizo. Había surgido de la nada como un fantasma hacía menos de una semana. Era extraño que un estudiante fuera transferido una semana antes de acabar el curso, pero su encanto hipnótico parecía hacer olvidar de nuestras mentes cualquier cosa que no fuera su figura. Era elegante, tierna y dulce, siempre seria, pero siempre con una enigmática sonrisa en sus labios rojos, sus grandes ojos tenían un brillo misterioso, como el de las aguas cristalinas de los arroyos de montaña, parecía como si pudieras hundirte en ellos, eran negros, completamente oscuros, tan oscuros, que el iris no podía discernirse de la pupila a menos que observases atentamente, y aún así costaba diferenciarlos. Esos ojos negros, parecían verlo todo, siempre te daba la sensación que te observaban, que eran tuyos que eran solo para ti, en cuanto clavabas tu mirada en su rostro, todo lo que había a tu alrededor, desaparecía, solo quedaba ella. Y junto a aquellos ojos y sus largas pestañas estaba su sonrisa, encajada entre sus carnosos labios color pasión, al igual que su mirada, no podía evitar pensar que era a mí a quien sonreía, pero era solo una ilusión, porque ni siquiera miraba hacia donde me encontraba, pero esos ojos, parecía que te mirasen aunque estuviesen cerrados. Su larga cabellera de finos hilos aún más negros que sus ojos parecía sobrevolar el pasillo detrás de ella siguiéndola como la cola de un cometa esparciendo por el aire su dulce fragancia, su presencia desprendía un aroma suave que se filtraba por cada rincón del edificio, era una fragancia dulce que te invitaba a cerrar los ojos exhalar aire y sentir todo su aroma, te daban ganas de acercarte a ella y oler su pelo, pero también tenía algo más, cada vez que olía esa fragancia mi cuerpo se excitaba de una forma que estaba fuera de los límites de la razón, mi mente se nublaba, dejaba rienda suelta al erotismo de esa fragancia. La elegancia de sus pasos era mágica,  como una melodía que resonaba por encima de los murmullos del edificio, paso tras paso sus tacones negros resonaban contra las baldosas del suelo combinando con las ondulaciones que su pelo  producía a cada paso, si hubiera intentado buscar un solo defecto en esa figura no hubiera podido encontrarlo, sus cejas arqueadas daban a sus ojos una mirada seria y inquisitiva que haría rendirse a sus pies al más poderoso de los hombres que habían gobernado la tierra, su fina nariz tenía un aspecto suave y tierno que parecía tener el tamaño perfecto. En cuanto a sus labios, carnosos, desprendían lujuria, con su tono rojo intenso que resaltaba sobre el pálido color de su piel y entre la comisura de sus labios estaba ocultada esa enigmática sonrisa que parecía siempre ir dirigida a mí, su barbilla era perfecta, sus orejas eran perfectas, incluso el tamaño de su cabeza y ese cuello,  más elegante que el de un cisne, tenía un atractivo especial, era como si te llamara para que fueras a besarlo, a morderlo.  La camisa blanca que era el uniforme del instituto por alguna extraña razón era de una tela más fina en ella que en el resto de chicas, era casi como si fuera un fantasma, a la luz del sol podías apreciar perfectamente las curvas que su cuerpo escondía bajo la camisa,  además, ella dejaba siempre desabrochados los dos primeros botones de su camisa dejando a la vista su impresionante escote que te invitaba a hundir tu cara entre sus pechos y ahogarte en ellos. Parecían tener el tamaño perfecto, grandes pero no demasiado para parecer voluminosos, ni demasiado alzados ni demasiado caídos, desprendiendo una total naturalidad, solía usar un sujetador con bordados, de una tonalidad rojiza que pasaba des del fuxia, pasando por el escarlata y llegando a un rojo tan oscuro como la misma noche. En cuanto a la falda negra que era el uniforme femenino de verano era  más de medio palmo más corta en ella que en el resto de chicas, lo normal era que te llegara a media rodilla, pero en ella, podías adivinarle perfectamente los muslos a cada paso que daba, y si tenías suerte de encontrártela subiendo las escaleras, podías ver perfectamente sus bragas blancas ajustadas entre sus piernas.  Largas y atléticas, así es como eran sus piernas, bien definidas con unas curvas perfectas que brillaban bajo la luz en esa piel clara, esa piel que parecía tan suave, tan pura, si parecía pura, pero en cuanto observabas las curvas de su cuerpo, no era pureza lo que venía a tu mente, esa chica era de pies a cabeza un objeto de deseo sexual que hacia babear al más digno de los hombres y a la mayoría de las mujeres. Así era la chica de la que me había enamorado, de la que cualquiera se hubiera enamorado, sus dedos flotando en el aire a cada paso parecían agarrar las cuerdas de tu corazón y llevarlas con ella, era como si en un solo movimiento pudiera hacerte morir de felicidad. Era algo que estaba fuera de mi liga, ni siquiera había oído su voz, ya que nunca se había dirigido a mí, ni a nadie que yo recordara, no estando yo delante. Sabia que no era una chica con la que pudiera soñar, yo un chico  de 17 años que ni siquiera había besado nunca a una chica, pero aunque hubiera una ínfima posibilidad entre un millón, no podía dejar pasar esa oportunidad, o me arrepentiría de por vida. Pero aunque tuviera eso en mente, simplemente mi corazón latía demasiado deprisa para dar un paso, sentía que si me acercaba a ella todo mi cuerpo iba a estallar, pero ese día era mi última oportunidad, así que no podía rendirme. El timbre de la última clase estaba a punto de sonar y lo único que había conseguido era decirle un tímido “hola” que ni siquiera  había oído. ¿Todo había acabado para mí? Solo me quedaba una oportunidad, debía decírselo durante la salida, cuando cientos de alumnos se marchaban corriendo esperando ansiosos disfrutar de sus primeros momentos de libertad veraniega. Era una avalancha humana, un rio desbocado de personas que corrían hacia la libertad. Encontrarla era como pretender distinguir una gota en un rio, aunque esa gota fuera la más hermosa jamás concebida. Pero cuando llegue a la salida, ni rastro de ella, era como si se hubiese esfumado, como si hubiese desaparecido, o como si nunca hubiera estado allí, me quede quieto frente a la puerta del instituto, albergando la esperanza de poder verla en el último momento, pero cuando todos se hubieron marchado una mano me rozo el hombro des de atrás, me gire de inmediato y estaba allí, radiante frente a mí, con esa misteriosa sonrisa entra la comisura de sus labios. Ahora sí que me miraba a mí, y me miraba fijamente, directamente a los ojos, no es que me lo pareciera, lo estaba haciendo, y sus dedos, me estaban tocando, mi corazón palpitaba, algo oprimía mi bragueta des de dentro, algo que quería despertar, imágenes obscenas se aparecían en mi mente,  mis mejillas se sonrojaron y simplemente me quede inmóvil observándola, estaba cerca de mí, podía notar su respiración, podía oler su fragancia, podía notar cómo  me arrastraba hacia ella.
- ¿Piensas estar callado todo el rato? has estado intentando decirme algo todo el día y solo has conseguido soltar un triste “hola” además llevas mirándome toda la semana des de que llegue, bueno como todos, no soy estúpida sabes, puedo adivinar que tienes algo que decirme.
¿Qué? ¿Que había sido eso?¿Ella me había oído, sabía que la había estado mirando? Entonces, ¿por qué no había hecho nada hasta ahora? ¿Me estaba esperando? ¿Eso significaba que sentía algo por mí? Su mirada se había vuelto traviesa, y su sonrisa era cada vez mas enigmática, además, su voz, era como la de una sirena, cada palabra me hundía más en el pozo del deseo, era una melodía de la que no podía escapar. Entonces me sonroje aún más de lo que estaba y aparté la mirada al suelo.
-¡Buenos días!
¿Eso era lo único que se me pasaba por la cabeza? ¿“buenos días”? ¿Podía ser más estúpido? Mi siguiente acción me demostró que sí, podía ser mucho más estúpido. Justo después de hablarle, me giré y empecé a correr. Pero antes de darme cuenta una fuerte sacudida me empujó hacia ella, me había agarrado de la camisa para evitar que huyera, puse la mano para evitar chocar contra ella, pero esta se hundió entre sus pechos. Entonces volví a quedarme inmóvil.
-Se que te gustan, pero lo más apropiado sería pedir permiso antes de tocarlos.
-¿Qué?
- Mis pechos, los estas estrujando.
Entonces aparté rápidamente la mano y en el impulso me cay hacia atrás y me estampé de bruces contra el suelo.
- No te he dicho que los soltaras, solo te he dicho, que debes pedir permiso para tocarlos, ¿piensas quedarte en el suelo o vas a decirme lo que tienes que decirme?
- ¡A sí eso, que… bienvenida al colegio!
Definitivamente era la persona más estúpida del planeta, como podía decirle eso cuando era el último día del curso, estaba claro que ella jamás aceptaría a un chico como yo.
- Ya te he dicho que no soy estúpida, sabes,  des de que llegue aquí se me han declarado más personas de las que puedo recordar, no es muy difícil  adivinar lo que quieres decirme, pero parece que requieres algo de ayuda, así que acompáñame, iremos a un lugar más… privado.
Justo en el momento en el que sus labios pronunciaron la palabra “privado” su sonrisa se torno traviesa como incitándome a seguirla, invitándome a entrar en su juego. ¿Qué quería de mí?  Era como si todo estuviera pasando tal y como ella quería. Yo la seguí sin dudarlo, tras ella como un perro, invitado por su aroma, persiguiendo su fragancia por los pasillos vacios del edificio, antes de darme cuanta habíamos atravesado el patio y estábamos detrás del almacén donde guardaban las colchonetas para la clase de gimnasia. Una suave brisa soplaba levantando los envoltorios de plástico que se habían tirado al suelo durante el almuerzo. Estábamos los dos solos entre dos paredes, donde nadie nos podía ver, solo me quede observando.
- ¿No vas a decir nada? Esperar se está volviendo aburrido.
- Ah sí lo siento, yo, des de que llegaste, no sé cómo decirlo, no he podido dejar de pensar en ti y…
-  Palabrería, solo di que me amas, llegarás más rápido al final y obtendrás el mismo resultado, conmigo no sirve esa palabrería.
-¿Cómo?
-Solo dilo.
-Yo... ¡te amo!
Entonces un gran alivio recorrió todo mi cuerpo, toda la tensión acumulada desapareció, me sentía como si no hubiera gravedad.
-Lo siento, no puedo aceptar tus sentimientos.
¿Cómo?, ¿que había sido todo eso? Para que me había llevado allí si pensaba rechazarme? Nada tenía sentido, no podía entender esa situación, me sentía engañado, como si hubiera caído en su trampa, si eso era, lo había planeado todo solo para ver mi cara en cuanto me rechazara, no podía ser nada más, un torrente de rabia invadió mi cuerpo, quería tirarla al suelo destrozarle la ropa y violarla allí mismo.
-¡¡¡Pero…!!!
-Pero… pero si podemos hacer “eso”
Su respuesta volvió a dejarme congelado con “eso” se refería a “eso”,  ¿a que podía referirse si no?  Entonces me di cuenta de que entre mis piernas una fuerza salvaje se moría por estallar.
-¿A qué te refieres?
-Venga por favor, sabes a que me refiero, no nos hagamos de rogar, ¿quieres hacerlo o no? Vamos, se leer perfectamente tu cara, antes cuando me has agarrado la teta, se te ha puesto dura y ahora solo hace falta mirarte los pantalones para ver lo que de verdad quieres, eres un hombre después de todo.
- ¡Eso no es verdad!
Antes que pudiera darme cuenta su mano estaba agarrando mi entrepierna y sus ojos estaban a escasos centímetro de los míos, y sus labios, sus labios rozaban con los míos.
-Lo ves como tengo razón, no puedes esconder lo que eres, me estoy cansando de este rollo de niño bueno, así que si quieres hacerlo conmigo, solo dilo.
Sus labios fregaban a los míos cada vez que pronunciaba una palabra, no podía resistirlo más, me lancé a besarla, pero sorprendentemente, con un ágil movimiento se apartó de mí y esquivó mi beso.
- Eso me sirve
Su sonrisa se había vuelto mucho más traviesa que antes, era demasiado seductora para ser real. Entonces me agarró de la corbata del uniforme y me empujo hacia dentro del almacén, no me había dado cuenta de que las puertas estaban abiertas, cuando ella entró en el almacén detrás de mí, empezó a llover, no me había dado cuenta pero el cielo estaba cubierto de nubes.
- Perfecto, con esta lluvia no podrás huir de mi.
Entonces con un golpe seco cerró la puerta y quedamos en la absoluta oscuridad, entonces note como algo húmedo se deslizaba por mi oreja, su lengua, me mordió. Suavemente agarró mi mano, yo simplemente no podía decir nada, entonces deslizó mi mano por debajo de  su camisa hasta su pecho y me hizo agarrarlo con fuerza.
- No debería costarte mucho ya que no es la primera vez que lo haces.
- Pero…
- Para tu información, no llevo ropa interior hoy, así que eres libre de tocar donde quieras.
Entonces se encendió una vela que iluminó la estancia,  yo estaba estirado sobre una colchoneta agarrando sus pechos, ella sentada sobre mi pecho mirándome con su mirada inquisitiva.
- Juguemos a un juego, tienes hasta que se consuma la vela para satisfacerme ¿Ok? Hasta entonces seré toda tuya.
Entonces me puso un dedo en los labios y sello mis palabras, ya he olvidado que quería decir en ese entonces. Entonces se arrancó la camisa de golpe, todos los botones salieron disparados, me quede inmóvil, observando su cuerpo mientras ella me quitaba la camisa. Su cintura, su ombligo, sus pechos, sus pezones, todo eso era mío. Entonces ella se deslizó sensualmente hacia mis pies, y agarrando la cremallera con los dientes, me bajo la bragueta lentamente, yo solo podía quedarme inmóvil dejándole actuar, nunca había siquiera besado a una chica. Entonces introdujo una mano entre los calzoncillos y me la sacó, era como si toda la fuerza de mi cuerpo se reuniera entre mis piernas. Sin previo aviso empezó a lamer, subiendo por mi abdomen atravesando mi ombligo lentamente fluyendo como un rio, sin dejar de agarrarme con la mano, continuó subiendo hasta el pecho desviándose hasta el pezón izquierdo empezando a dar círculos a su alrededor, lamiéndolo, succionándolo, mordiéndolo. Cerré los ojos por un instante, entonces sentí un corte, en el pezón, como si algo me lo hubiera partido por la mitad y en cuanto abrí los ojos de nuevo, el brillo centelleante del filo de una espada atravesaba mi pezón a la luz de la vela, intenté soltar un grito pero ella me tapó la boca con una sonrisa malévola.
- Los hombres sois todos iguales, os dejáis perder por el sexo.
Entonces empezó a deslizar la fina espada por mi pecho inclinándola de modo que estuviera cada vez más vertical, mientras lamia apasionadamente el hilo de sangre que salía de mi pezón. Antes de que pudiera darme cuenta la espada estaba completamente en vertical apuntando a mi pecho.
- ¿Sabes? No lo has hecho del todo mal, estoy bastante mojada allí abajo, quizás te use después.
Entonces con un movimiento salvaje hundió la espada en mi pecho, si esa espada que brillaba a la luz de la vela. Habría reconocido esa espada en cualquier lugar, después de todo los samuráis siempre me habían gustado, nunca hubiera imaginado que algún día una katana atravesaría mi pecho. Pero ella, la chica simplemente se bebía la sangra que salía de mi herida como si de agua se tratase, entonces me di cuenta de que en su sonrisa perfecta sobresalían dos colmillos afilados.
-Sabes he prometido que sería tuya hasta que se consuma la vela, pero a este ritmo te vas a desangrar antes de que eso suceda, no te he clavado la espada en el corazón, pero morirás dentro de poco, ya no puedes ser salvado, una pena, pero si mueres no habré cumplido mi promesa, ¿qué puedo hacer?, quiero destrozarte el corazón y beberme tu sangre pero si lo hago morirás y no cumpliré con mi promesa, ¿alguna idea?
Su voz era dulce y calmada mientras decía estas palabras, pero aunque aterradora seguía siendo bella.
-¡Monstruo!
-¡Oh! ahora me sorprendiste, normalmente están demasiado locos por mí como para importarles que les mate, sin duda eres alguien especial, una pena que ya no tengas remedio, a ver a ver, ¿cómo puedo hacer que la vela deje de arder para poder matarte? Si solo se apagase, ¡Oh! ya se, ¿qué pasa si la apago yo misma?
Entonces la luz se apago y sentí como el acero partía mi corazón por la mitad.

sábado, 5 de febrero de 2011

Nice Blood

Nice Blood

Era Viernes, un viernes como todos los viernes, aburrido,  monótono,  una clase tras otra esperando sonar el timbre para empezar la siguiente, y así sucesivamente hasta lograr salir a la libertad. Deambulando en una espera infinita perdido en la posibilidad de un acontecimiento que atrajera mi atención. O al menos parecía un día así.
De repente y sin avisar sucedió lo que había estado esperando, una sombra  deslumbrante entró en el aula, no recuerdo ya que clase era ni siquiera recuerdo quien estaba dentro, solo estaba “ella”.  Pálida, piel fina, cual la harina; largo pelo sedoso, oscuro, nocturno; labios escarlata, provocativos, hipnotizantes, lujuriosos; y, y unos ojos entrecerrados, extrañamente luminosos a pesar de ser completamente negros, desprendían, una extraña aura de misterio que invadía todo a su alrededor, como si incitasen a acercarme a ella y hacerse su esclavo. Su pelo era largo y liso, negro, destacaba sobre su camisa blanca, pura e inocente, además vestía una minifalda rayada muy provocativa, tanto que estando sentado se podía entrever su interior, cuando ella entró en la clase todo el mundo se quedó quieto embobado, admirando esa bella y extraña figura, al profesor que estaba explicando la lección se le cayó el libro al suelo y se quedó admirándola con cara de sapo
- ¿Qué no me presenta?- Dijo la chica con una voz dulce e hipnótica.
- OH, si, perdone, hum chicos, ésta es la nueva estudiante de intercambio, viene de Rumania, espero que la tratéis bien, señorita hace tard…
- Me perdonará por ser yo verdad, me he encontrado a un cachorro y tenía que dejarlo a buen recaudo, no podía dejarlo abandonado en la calle.- Le interrumpió la chica pasándose la lengua por los labios en un gesto provocativo
- Hum, claro por ser usted se lo perdono, por favor tome asiento. – Dijo el profesor con una cara de embobado.
- Estoy muy cansada del viaje des de Rumania, necesito una silla bien cómoda, profesor que le parece si solo por hoy me deja sentarme en su sitio.
- Claro, solo por hoy puedes hacerlo.- Dijo el profesor, y se quedó embobado mirándola.
- Pero se puede saber que hace profesor, esto está mal debe continuar la clase. – Dijo una chica de la clase en un ataque de celosía al ver que todos estaban encantados observando a la recién llegada.
- ¡No me gustan las chicas!- exclamó ella.
- Sí claro, lo comprendo, son muy molestas, por favor chicas podéis iros.
- Pero profesor se puede saber que está haciendo.
- ¡Se acabó, como os atrevéis a incordiar, quedáis expulsadas una semana a partir de ya, y como rechistéis el castigo será doble! – Les gritó el profesor, después de eso las chicas se fueron sin decir nada, su intuición les avisaba del peligro que corrían.
- Muy bien, no me gustan las chicas, siempre lo echan todo a perder, ahora podéis contemplarme tanto como queráis, sois libres para ser mis esclavos.- Y entonces se sentó allí viendo como la observábamos, y así pasaron las horas, hasta que sonó el timbre. Y entonces lanzando un beso al aire se retiró con un paso elegante, cuando despertamos de nuestro trance, estábamos todos tumbados en el suelo observando la puerta por donde ella había salido, y así poco a poco fuimos saliendo del aula. Cuando yo salí, la vi, estaba entrando en una casa abandonada que estaba frente a la escuela, entonces tiré la mochila al suelo y me fuí corriendo hacia ella, antes de que yo entrara, vi como dos chicos más se introducían en la casa, debía espabilarme y llegar antes que ellos, subí al segundo piso y la vi, entre la oscuridad de la casa iluminada por la luz de una ventana rota estaba ella, me le acerqué con los ojos llenos de ilusión,  su camisa se había tornado escarlata y de sus labios brotaba un rocío del mismo color, me acerqué a ella y la abracé, ¡era mía! En ese instante justo antes de que unos colmillos afilados perforaran mi piel y una fuente escarlata brotara de mi cuello, pude ver a mi profesor y a todos los chicos de la clase, o más bien lo que quedaba de ellos tirados en una esquina de la habitación, estaba feliz, yo había sido el último. Entonces se me vino una cosa a la cabeza, había quedado con mi novia para ir a comer.